Buenos Aires, entre las ciudades más resilientes frente al cambio climático

De acuerdo a un estudio de Alpha Geo, considerando su exposición a riesgos climáticos y su capacidad de adaptación.

Un ranking elaborado por la firma de inteligencia geoespacial AlphaGeo ubicó a la Ciudad de Buenos Aires en el sexto lugar entre 72 grandes urbes del mundo, al evaluar su exposición a riesgos climáticos y su capacidad de adaptación.

Olas de calor y frío, sequías, incendios, lluvias torrenciales e inundaciones son algunos de los fenómenos meteorológicos extremos cuya frecuencia e intensidad se ven incrementadas por el calentamiento global. Frente a este escenario, la resiliencia urbana se vuelve un factor clave para reducir los impactos sobre las ciudades y sus habitantes.

En este contexto, AlphaGeo elaboró un índice que analiza la resiliencia climática de 72 de las ciudades más grandes del mundo. La metodología contempla tanto la exposición física a diferentes amenazas climáticas como la capacidad de adaptación de cada ciudad, incluyendo aspectos como infraestructura y sistemas de alerta temprana. Según Parag Khanna, fundador y director ejecutivo de AlphaGeo, “la resiliencia es igual al riesgo menos la adaptación”.

Buenos Aires quedó ubicada en el sexto puesto del ranking, detrás de Chicago, Addis Abeba, Melbourne, Barcelona y Ankara. El listado se completa entre los primeros diez lugares con París, Estambul, Bogotá y Nairobi.

Chicago encabezó la clasificación, entre otros factores, por su ubicación en una latitud templada, su acceso a agua dulce y su bajo riesgo de huracanes.

En el extremo opuesto, Ahmedabad, Hyderabad y Multan ocuparon los primeros tres lugares entre las ciudades con menor resiliencia climática, seguidas por Dhaka, Lahore, Kolkata, Faisalabad, Karachi, Chittagong y Taipéi.

El estudio se conoce mientras organismos internacionales advierten sobre la evolución del calentamiento global. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señaló recientemente que el planeta podría superar el límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura global en los próximos años, un escenario que refuerza la necesidad de avanzar tanto en la reducción de emisiones como en la adaptación de las ciudades a los nuevos riesgos climáticos.

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