Greg Koch: “Usar agua no es algo negativo”


El Director Senior de Manejo Global de Agua de Coca-Cola pone en jaque la extendida práctica de equiparar la huella hídrica con la de carbono, en la que menos siempre es mejor. Lo engañoso del concepto y la complejidad de la temática, como centro de sus reflexiones.

Greg Koch llegó a Coca Cola en 1996 para administrar el entonces incipiente programa de manejo de aguas residuales dentro de las plantas. A lo largo de sus 21 años de carrera, vio cómo su tarea pasó a tener un lugar clave en el corazón del negocio.

Hoy es Director Senior de Manejo Global de Agua de Coca-Cola y sus responsabilidades se extienden más allá de las embotelladoras y se centran en las localidades en las que operan. Es así que lidera proyectos en más de 3.000 comunidades, en aproximadamente 80 países, que se focalizan en garantizar el acceso al agua potable o en cómo proteger las cuencas hídricas cercanas.

En diálogo con la prensa local, en su reciente viaje a Buenos Aires, el experto explica cómo el boom sobre la problemática del agua está cargado de desafíos, empezando por conceptos claves como el de la huella hídrica.

"Usar agua no es algo negativo. La vida toma agua, todos usamos agua. Piénsenlo, es algo positivo: tu primera clase de natación, bañar a tu hijo. Es recreativo, es religioso, es espiritual", apuntó Greg Koch en entrevista con Tres Mandamientos.

Una estrategia glocal

Para el agua, Coca Cola cuenta desde el 2014 con una estrategia global que ejecuta localmente. La ejecución de esa estrategia se basa en dos requisitos y dos metas.

En cuanto a los requisitos, el primero es el Tratamiento de aguas residuales, mientras que el segundo es el denominado Protección de la fuente. Bajo el primer paraguas, cada planta tiene que cumplir con un sistema apto. "Cada embotelladora, si no puede descargar su agua residual en una planta municipal o gubernamental que haga el tratamiento completo y no parcial, tienen que construir su propia planta de tratamiento de agua residual", explicó Koch.

Así fue el caso de Santiago de Chile. La ciudad tiene un sistema de drenaje para la ciudad, existen permisos y se pagan fee, pero el tratamiento está por debajo de los estándares de la empresa. Fue así que el socio embotellador de Coca Cola tuvo que construir su propia planta de tratamiento.

El segundo eje también se lleva adelante en cada filial. Cada una de ellas debe llevar adelante un análisis de riesgo de fuente. Después, en base a ese relevamiento se determinan qué acciones específicas hay que hacer. "Desarrollan un plan de protección de fuente de agua de modo que una vez identificadas las problemáticas, pueden determinar cuál va a ser la respuesta", contó el director senior.

Con estos dos requisitos excluyentes, Koch apunta el complemento que presentan los objetivos "Las metas son muy útiles en los negocios, pero también en nuestras vidas, como una forma de tener algo que realmente te motive a la acción, son algo que todos pueden entender, que podés medir fácilmente", expresó el experto.

Así el primer objetivo que se fijó es la eficiencia: ¿qué tan eficientes podían ser en sus operaciones? El resultado fue una mejora sostenida por 14 años consecutivos globalmente. En Argentina, de 2006 a 2015 se mejoró en un 23%.

El segundo fue el de reposición de agua que se vinculó a las ventas. "Tomamos un subconjunto de las acciones que hacemos en relación al agua como el acceso al agua, la protección de cuencas hidrográficas y la reforestación donde sabemos que podemos cuantificar el impacto beneficioso en término de volumen de agua, litros de agua. Y lo atamos a nuestro volumen de ventas".

La estrategia superó las expectativas: alcanzaron la meta de reabastecer a la naturaleza el 100% del equivalente a la cantidad de agua usada en sus ventas a nivel global cinco años antes del plazo. El fin era llegar a ese 100% hacia el año 2020 y la cumplieron en 2015 ¿Y ahora? La empresa apunta a hacer crecer ese porcentaje de reposición, que actualmente se sitúa en el 133%.


La complejidad del agua
Si bien hay suficiente agua dulce para todo el mundo, todos los años millones de personas mueren a causa de enfermedades relacionadas con abastecimiento de agua, higiene o saneamiento inadecuados. La escasez es un problema que afecta a más de un 40% de la población mundial y se estima que 783 millones de personas no tienen acceso a agua limpia.

En este sentido, como explica Koch, nos enfrentamos a una larga lista de problemas en materia de su seguridad, uso y gestión. En los últimos años ha crecido el interés por parte de todos los actores a la hora de abordar la cuestión del agua, ocupando un rol central en las agendas climáticas internacionales.

Sin embargo, este boom no viene aparejado de un correcto entendimiento. "El agua es complicada. Tiene múltiples facetas y dimensiones, problemáticas y por lo tanto oportunidades", disparó el ejecutivo.

En este punto se vuelve central la noción de huella hídrica. Se trata de un concepto que es tanto vital como complejo y que presta terreno a las confusiones. Koch apunta que por default, muchos terminan equiparándolo con el de huella de carbono. "La huella hídrica es un punto de partida, mientras que la huella de carbono es un punto de partida y uno final. Tengo una huella de carbono y sé que menos es mejor, si me preocupo por el cambio climático. Si tengo una huella hídrica, eso es genial: significa que estás vivo porque si no tuvieras una, no existirías", separó el director senior.

"La huella hídrica es un punto de partida, mientras que la huella de carbono es un punto de partida y uno final".

Menos no es más
No internalizar esta diferencia muchas veces lleva a las organizaciones a usar lenguajes similares ¿En qué sentido? A la hora, por ejemplo, de anunciar medidas para minimizar la huella hídrica. "Puedo entender por qué otras empresas dicen que intentan reducir su huella hídrica. Creo que lo que dicen es 'quiero ser un usuario de agua más sustentable'. Pero hay que tener en cuenta que esos esfuerzos quizás no resulten en un gran cambio en ese número", diferenció Koch.

Y es que como explica el experto, la huella hídrica es un número y por sí solo no dice nada, sino que todo dependerá de las circunstancias. Las huellas hídricas grandes pueden ser sustentables en las zonas ricas en agua y las que son muy pequeñas pueden significar riesgos para la sustentabilidad en los lugares donde es escasa. Obtener una clara comprensión de los impactos ambientales proporciona una mejor orientación para priorizar áreas de preocupación. "Lo que me tengo que preguntar es dónde se está usando esa huella y después ver si está siendo usada de forma sustentable en ese tiempo y lugar", detalló el directivo.

Por el contrario, insistir con nociones erróneas como reducción de la huella hídrica puede llevar a mensajes equivocados. "Puedo entenderlo, pero creo que es engañoso porque terminás enfocándote en el agua. Al final del día, la comunicación con el consumidor es una comunicación hacia líderes y lo que les estás diciendo es que menos es mejor. Y ese no es el caso", insistió el directivo.

"Al hablar de reducción de huella hídrica, lo que les estás diciendo es que menos es mejor. Y ese no es el caso".

No es así porque un producto con una huella hídrica alta puede ser más sustentable que uno con una huella menor ¿Cómo? Porque la huella no dice nada sobre las prácticas de sustentabilidad que se llevan adelante en su producción, almacenamiento o distribución. "Digamos que un primer producto tiene una huella mayor que uno segundo. Pero éste fue fabricado en una planta que esté drenando el río, mientras que el primero se realiza en un establecimiento muy eficiente con sustentabilidad total. El segundo sigue teniendo una huella menor, pero es mucho menos sustentable que el primero. Entonces es un punto de partida, uno muy bueno, pero no es el fin", apuntó el experto.

Mediante este tipo de mensajes simplistas, los grupos de interés se cargan de expectativas que poco tienen que ver con la realidad. "Es un problema porque van a esperar que el número baje, y solo puede bajar hasta cierto punto antes de que no existas. Si bajás tu huella hídrica primero te da sed, después te deshidratás, después te fallan los órganos y después morís. Y eso no es sustentabilidad", alertó Koch.

"Si bajás tu huella hídrica primero te da sed, después te deshidratás, después te fallan los órganos y después morís. Y eso no es sustentabilidad".

Una huella para trazar un mapa
De esta manera, la huella hídrica en realidad se convierte en un gran puntapié inicial que ayuda a tener un foco más amplio para determinar en dónde se está usando el agua para después centrarse en esas áreas y enfrentar las cuestiones sustentables. En el caso de Coca Cola, le valió para extender su visión de cómo usa el agua en sus procesos de fabricación y cadena de suministro.

Sus estudios demostraron que alrededor del 80% de la huella hídrica total de los productos proviene del ingrediente agrícola de la cadena de suministro. Como socios fundadores de la Water Footprint Network, hemos trabajado con organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y The Nature Conservancy para evaluar el agua en los productos, los envases y los ingredientes y así entender mejor las implicaciones para el negocio y trabajar para reducir los impactos.

Esto vuelve a su relevamiento y trabajo un proceso individual, no existe una receta que aplique a todos. "Podemos usar el agua para los mismos propósitos, por ejemplo, Coca Cola y Pepsi, pero cómo percibimos el riesgo y cuánto estamos dispuestos a tolerar, define nuestra respuesta a eso", ilustró el experto.

Problemas integrados
Pero las complejidades no se dan únicamente en torno al uso de términos. Como explica Koch, nos enfrentamos a una larga lista de problemas en materia de seguridad alimenticia, de agua y energética. Son muchas cuestiones y cada una es única. Pero están integradas y raramente se puede cambiar una sin afectar a la otra. De esta forma, pone el acento en que existen nexos entre estas cuestiones y una población creciente que tiene cada vez más dinero.

"El haber sacado a cientos de millones de personas de la pobreza es algo muy bueno, pero se trata de un estilo de vida que se vale más intensamente de los recursos. Y ese conflicto y ese nexo son el mayor desafío que enfrenta el mundo", apuntó el directivo.

Con el cambio climático, lo que se aceleran son los tiempos, pero los conflictos de base siguen siendo los mismos. "El cambio climático hace que se vuelva más urgente, más impredecible, hasta más costoso en algunos lugares. Pero incluso sin el cambio climático, las tendencias existentes en crecimiento poblacional, en desarrollo económico -que es algo genial-, están drenando los esfuerzos y los recursos alrededor del mundo. Es el mismo cambio absoluto, pero ese ritmo de cambio es lo desafiante porque las especies, las sociedades y las economías están viviendo tiempos difíciles para adaptarse a un ritmo de cambio rápido", explicó el ejecutivo.

"Las especies, las sociedades y las economías están viviendo tiempos difíciles para adaptarse a un ritmo de cambio rápido".

Frente a este panorama, Coca-Cola tiene un proyecto de agua en cada uno de los países en los que opera. Todas se preocupan por el uso eficiente y la reutilización del agua y el tratamiento total de las aguas residuales. "La compañía tiene 131 años y el agua siempre ha sido parte de nuestro programa", recordó Koch.

Un cambio radical
Si bien es un compromiso histórico, en 2014 la empresa dio el que se convirtió en el paso más significativo a la hora de adoptar un rumbo de mayor profundización que derivó en una estrategia de negocios atravesada transversalmente por el agua: un análisis de riesgo. A un primer relevamiento cualitativo le siguió uno cuantitativo.

Mientras que el primero ayudó a la concientización y educación en torno a la temática, el segundo se llevó adelante a nivel de planta a lo largo de todo el mundo. Su objetivo fue el de determinar qué podría pasar, qué tan probable era que suceda, qué tan seguido podría ocurrir y cuáles eran las consecuencias en el impacto.

"Ese caso de negocios de cómo actuar en relación al agua se estableció a través de ese análisis de riesgo. Repetimos ese análisis cada tres años porque forma al modelo de negocios y vuelve al agua en todo lo que hacemos adentro y afuera de nuestras plantas una parte estratégica de nuestro negocio. No es RSE, no es filantropía, no es algo lindo para tener. Es tan importante como planear el próximo despliegue de productos o el marketing", resaltó el director senior.

"El análisis de riesgo no es RSE, no es filantropía, no es algo lindo para tener. Es tan importante como planear el próximo despliegue de productos o el marketing".

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