Bosques tropicales

El desafío de financiar los bosques tropicales

Concentran una parte fundamental de la biodiversidad mundial y cumplen un papel clave en la regulación del clima, pero enfrentan una brecha crónica de financiamiento. Se estima que se necesitarán US$ 66.800 millones adicionales para 2030. En ese contexto, el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), lanzado en el marco de la COP30 en Belém, busca generar pagos de largo plazo para los países que conserven sus bosques.

Si bien durante décadas, la comunidad internacional reconoció el valor ambiental, climático y social de los bosques tropicales, los recursos destinados a protegerlos continúan siendo insuficientes. La conservación de estos ecosistemas beneficia al conjunto del planeta, aunque gran parte de ese valor no se traduce en ingresos para los países y las comunidades que los mantienen en pie. Como consecuencia, en muchos territorios, desmontar puede resultar más rentable a corto plazo que conservar.

La cuenca del Amazonas, la cuenca del Congo y Borneo reúnen aproximadamente el 78% de los bosques tropicales que quedan en el mundo. Estas regiones son esenciales para la conservación de la biodiversidad, el almacenamiento de carbono, la regulación de las precipitaciones y la seguridad hídrica y alimentaria. Sin embargo, enfrentan presiones vinculadas con la expansión agropecuaria, la conversión de tierras y las plantaciones industriales, además de una persistente falta de recursos para financiar su protección.

En la Amazonía, los bosques reciclan una parte importante de las precipitaciones y transportan humedad que influye en los patrones de lluvia de Sudamérica y otras regiones. En la cuenca del Congo, las turberas almacenan alrededor de 30.000 millones de toneladas de carbono, mientras que Borneo alberga numerosas especies de plantas y animales que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Estos ecosistemas también sostienen los medios de vida de cientos de millones de personas y cumplen un papel fundamental para los pueblos indígenas y las comunidades locales que los habitan y protegen.

Una brecha de US$ 66.800 millones para 2030

El informe “Escalar el financiamiento para los bosques tropicales: perspectivas desde la cuenca del Amazonas, la cuenca del Congo y Borneo”, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (SDSN), dimensiona el desafío económico. Según el documento, para 2030 se necesitarán US$ 66.800 millones adicionales para financiar la conservación forestal, la restauración de bosques degradados y el desarrollo de sistemas agroforestales.

De ese total, US$ 15.800 millones corresponderían a la conservación forestal, US$ 33.200 millones a la restauración y US$ 17.800 millones a los sistemas agroforestales, que combinan árboles con actividades productivas. La magnitud de estas necesidades contrasta con un financiamiento que continúa dependiendo, en buena medida, de presupuestos de ayuda internacional en retroceso y de mecanismos fragmentados que dificultan sostener iniciativas a escala territorial.

Las subvenciones y los préstamos concesionales siguen siendo necesarios para fortalecer las instituciones, proteger los derechos sobre la tierra, recuperar paisajes degradados y apoyar actividades con grandes beneficios sociales y ambientales, pero con retornos comerciales limitados. Sin embargo, los recursos públicos tradicionales no alcanzan por sí solos para cubrir la brecha. El desafío consiste en movilizar nuevas fuentes de capital sin trasladar de manera desproporcionada los riesgos a los Estados ni desatender las necesidades de las comunidades que dependen de los bosques.

En busca de fondos

En este escenario, el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forest Forever Facility, TFFF) aparece como una de las principales iniciativas para ampliar el financiamiento destinado a la conservación. Lanzado en el marco de la COP30, celebrada en Belém, Brasil, el mecanismo busca generar aproximadamente US$ 4.000 millones anuales en pagos a países con bosques tropicales que mantengan su cobertura forestal y cumplan determinados criterios de desempeño.

El objetivo es modificar los incentivos económicos que favorecen la deforestación. De acuerdo con el modelo actual del fondo, los países pueden perder alrededor de US$ 400 por cada hectárea deforestada. En cambio, mantener los bosques en pie permitiría acceder a pagos previsibles y de largo plazo, que complementen las políticas nacionales de conservación y los programas de reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal, conocidos como REDD+.

El mecanismo podría cubrir más de la mitad de las necesidades de financiamiento correspondientes al componente de protección forestal para 2030, si se combina con programas jurisdiccionales de REDD+. No obstante, su alcance dependerá de la capacidad de movilizar capital suficiente, sostener los pagos a lo largo del tiempo y articularse con otras herramientas de financiamiento climático y ambiental.

Uno de los puntos centrales de la propuesta es la distribución de los recursos. El diseño del TFFF contempla destinar al menos el 20% de los pagos a los pueblos indígenas y las comunidades locales, cuyo papel en la conservación es fundamental, pero que históricamente han recibido una proporción reducida del financiamiento internacional para el clima y la naturaleza. Para que este compromiso tenga un impacto concreto, será necesario garantizar que los fondos lleguen de manera directa y previsible a quienes gestionan y protegen los territorios.

Cambiar los incentivos

El TFFF, por sí solo, no resolverá todos los problemas que enfrentan los bosques tropicales. La conservación requiere combinar recursos públicos y privados, subvenciones, préstamos concesionales, pagos por resultados y mecanismos innovadores de inversión. También exige fortalecer la gobernanza ambiental, asegurar los derechos territoriales, revisar los subsidios que incentivan actividades perjudiciales y ampliar las oportunidades económicas compatibles con la conservación.

La restauración de paisajes degradados y el desarrollo de sistemas agroforestales también forman parte de la respuesta. Estas alternativas pueden contribuir a generar ingresos y sostener actividades productivas sin depender exclusivamente de la expansión de la frontera agropecuaria. Para ello, será clave adoptar enfoques integrales que contemplen las particularidades de cada territorio y articulen a gobiernos, empresas, organizaciones sociales y comunidades.

El desafío de fondo es lograr que conservar los bosques sea una alternativa económica viable frente a su destrucción. Esto implica reconocer que sus beneficios trascienden las fronteras nacionales y que los países y las poblaciones que los protegen necesitan recursos adecuados para sostener esa tarea.

Después de décadas de compromisos internacionales que no se tradujeron en inversiones suficientes, el TFFF abre una oportunidad para avanzar hacia un financiamiento más estable y de mayor escala. Su efectividad dependerá de que consiga transformar los anuncios en recursos concretos, fortalecer las políticas de conservación y asegurar que los beneficios alcancen a quienes mantienen los bosques en pie.

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