Carrotmob o el poder de votar con la billetera


En la vereda de enfrente del boicot, Carrotmob logra influenciar los negocios con el idioma universal del dinero. Agrupa compras y con ese poder logra que los negocios adopten prácticas socialmente responsable para acceder a esos consumidores.

"Como consumidores individuales no tenemos una gran cuota de poder. Cuando sumamos nuestro compromiso multiplicamos nuestra fuerza. Nosotros somos la economía. Nosotros podemos decidir quién gana dinero", advierte Brent Schulkin, fundador de Carrotmob, una organización sin fines de lucro con sede en San Francisco que utiliza el poder de compra como motivador para que las tiendas incorporen prácticas sustentables.

“Olvida los reclamos y las protestas, las zanahorias son el motor de esta revolución”, advierte.“Organizamos nuestras compras para lograr una cifra considerable de dinero y mayor poder de negociación con las empresas”, afirma el joven californiano. El concepto es simple: premiar con compras- “zanahorias” – en vez de apelar al boicot o la publicidad en contra. La compra de cada cliente de forma individual no produce ningún impacto. Sin embargo, el consumo organizado genera un volumen de dinero irresistible para la mayoría de los negocios. De hecho, los “CarrotMobbers” utilizan el término “liberar su capital” y exigen mejoras en el medioambiente, a cambio de algo que todas las empresas buscan: dinero.

“Olvida los reclamos y las protestas, las zanahorias son el motor de esta revolución”, asegura el fundador de Carrotmob.

De San Francisco al mundo
La primera acción en San Francisco fue todo un éxito. Luego de visitar 23 locales para presentar la idea, K&D, un mercado de rubros generales, ganó la licitación/ puja al proponer destinar 22% de las ganancias a energía eficiente ¿El resultado? Tres rollos de papel para imprimir tickets y una facturación de US$9.276,50 en dos horas, lo que luego se tradujo en un ahorro de energía de .887kw con un nuevo sistema de iluminación.

“El activismo tradicional se centra en el conflicto” afirma Schulkin, ex empleado de Google y desarrollador de juegos. Carrotmob, en cambio, no tiene enemigos. El foco está puesto en la cooperación y en utilizar el poder del consumidor para salvar el planeta. Con más de 200 campañas en 20 países, Alemania, Estados Unidos y Finlandia son las naciones que han logrado mayor adhesión.

Generalmente, los organizadores se acercan a pequeños negocios para presentar la propuesta. Luego, escuchan las distintas ofertas de los locales y deciden promocionar aquel que dedica un mayor porcentaje de sus ganancias a una causa verde o a iniciativas sociales. Finalmente, la acción se promociona a través del Carrotmob hub, Facebook, Twitter y el resto de las redes sociales.

Casos a replicar
Cafe Lua en Australia, por ejemplo, se comprometió a dedicar US$0,50 por consumición para la compra de paneles solares para el local. O Un Café Concert en Mónaco ofreció invertir 30% de sus ganancias en energía eficiente. El caso del Restaurante Hiller en Hanover Alemania es distinto. Su compromiso es donar sus ganancias a un asilo de animales.

En Buenos Aires, El Galpón es uno de los pocos mercados que ofrece productos orgánicos- vegetales, queso, vino, granola vegana, entre otros, y uno de los primeros en sumarse a este movimiento. A cambio, se comprometieron a expandirse para poder sumar productores y a reciclar unos trenes abandonados para dictar cursos y talleres relacionados con la sustentabilidad. “La campaña de Carrotmob generó una viralidad y atrajo una cantidad de público inusitada", afirma Federico Arce, manager de El Galpón.

Las campañas Carrotmob pueden organizarse en torno a cualquier tema social o medioambiental. Hasta ahora, la mayoría de las campañas han optado por promover acciones relacionadas con el cambio climático y la eficiencia energética. Por ejemplo, en los últimos dos años se ahorraron 18 millones de kilovatios-hora que representan varias toneladas menos de CO2 a nivel global.

A diferencia de la mayoría de los activistas, Carrotmob optó por cooperar con el sistema y utilizar las redes sociales como medios de comunicación viral. MySpace, Facebook, bloggs, Twitter, Digg y YouTube son los canales más utilizados. “Los eventos Carrotmob son divertidos. No le pedimos a la gente que compre cosas naturales o de marcas extrañas. Simplemente que planeen sus compras habituales”, advierte Schulkin.

“Algunos argumentan que estamos promocionando el consumo. Sin embargo, el objetivo no es gastar más dinero, simplemente organizer las compras para utilizarlo en favor del medio ambiente”, afirma el joven. Como la mayoría de los movimientos 2.0, CarrotMob es democrático. Cualquier local puede planear un evento CarrotMob a través de Facebook.

Idealista y audaz, Schulkin sueña en grande. “Imagino franquicias de CarrotMob en todo el mundo: miles de campañas y millones de compradores comprometidos a alinear sus consumos con sus ideales. Y, en un futuro próximo, contaremos con una masa crítica para sentarnos a negociar con las grandes compañías y exigir que que cumplan con las políticas ambientales”, afirma el emprendedor.

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