Pura Frutta profundiza su estrategia circular


Martín Carro, Socio Fundador de Pura Frutta, nos cuenta cómo se proyecta la compañía juguera, que se mantiene operativa durante la cuarentena. Entre las principales novedades, se destacan diversos proyectos de reutilización del orujo de manzana.


La región del Alto Valle en la Patagonia es una zona rica en frutas de calidad. A pesar de esta riqueza y la variedad de usos y destinos que se le dan, hasta hace poco no existía una fuerte apuesta a los jugos naturales. "Detectamos con José que había ausencia de jugos naturales. Empezamos a darle forma al proyecto en el 2015. Averiguamos si había algún justificativo por el que no había y no encontramos ninguno. El desafío era hacer un jugo diferente que no se pareciera en nada a lo que había", recordó en esta entrevista radial Martín Carro, Socio Fundador de Pura Frutta.

"El desafío era hacer un jugo diferente que no se pareciera en nada a lo que había", recordó en esta entrevista radial Martín Carro, Socio Fundador de Pura Frutta.

Guiados por esta búsqueda, llegaron a darle forma a este emprendimiento que presenta jugos hechos a partir de frutas frescas sin aditivos ni conservantes. Iniciando con opciones de manzanas verde y roja, su cartera se amplió y fue incorporando distintos blends de estación. En la actualidad, cuentan con una variedad orgánica de Pink Lady, mientras algunos mixes incorporan frutillas y arándanos de Entre Ríos o kiwis de Mar del Plata y se piensan alternativas con mezclas de frutas y verduras.

Este año, el crecimiento corporativo se viene dando en un contexto muy peculiar. La compañía pudo mantenerse operativa durante la cuarentena. "Afortunadamente pudimos seguir produciendo porque es actividad esencial y el equipo también pudo seguir acompañando", comentó el entrevistado. Con alguna caída en las ventas debido a la propia estacionalidad, hubo problemas financieros menores ya que algunos distribuidores enfrentan ciertas dificultades. "Somos privilegiados los que pudimos seguir produciendo durante esta pandemia", expresó el socio fundador.

Pero el emprendimiento neuquino no solo lanzó el primer jugo natural de manzanas del mercado argentino. Impulsados por un pensamiento circular, el material de embalaje Tetra Pak es completamente reciclable y presenta grandes propiedades de preservación sin conservantes. Desde que se envasan, los jugos tienen una vida útil de doce meses sin refrigerar.

Un residuo como recurso de gran valor en múltiples proyectos
En paralelo, la marca apunta a reasignar cualquier residuo del proceso de producción. Un desafío nada menor, si se tiene en cuenta que este año proyectan producir 800.000 litros de jugo de manzana, el equivalente a exprimir unas 1.200 toneladas. En esta proyección, uno de los grandes desafíos es el de los orujos, el residuo de la fruta que se genera durante el proceso de elaboración. "Desde hace mucho tiempo buscamos soluciones para el tema de los orujos", apuntó Carro.

"Desde hace mucho tiempo buscamos soluciones para el tema de los orujos", apuntó Carro.

Este espíritu es el que los llevó a transformar su propio proceso productivo uno circular, con el tratamiento de los desperdicios de la fruta: por cada litro de jugo de manzana, generan 600 gramos de orujo, que al ritmo de producción actual equivalen a unas 400 toneladas anuales. Parte de eso se lo dan a productores porcinos, pero es una solución que permite acaparar poca cantidad. "No hay productor que permita captar todo el volumen", explicó el ejecutivo.

Otro proyecto en estudio para reciclar el orujo, con fondos del Estado y la Universidad de Comahue, es la elaboración de levadura seca para la industria del vino, autóctona de la Patagonia. En la actualidad, se usa francesa o canadiense, ya que no existe levadura de la zona. La compañía también experimenta con la elaboración de platos biodegradables con parte del orujo, otro emprendimiento dentro de su empresa.

Pero la gran apuesta actual, que podría generar una solución para el gran volumen de orujo, es la construcción de un biodigestor, que alimentado por este residuo pueda, además, abastecer de energía a la planta. El tratamiento y reutilización completa de este residuo es un desafío que decidieron encarar junto a técnicos del Área de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar del INTA. En conjunto, están trabajando en un biodigestor piloto en la actual fábrica ubicada en la localidad de Centenario con poco volumen para probarla. "Hay que ver si el gas que se genera es apto para el proceso de pasteurizado", detalló el co-fundador.

"Hay que ver si el gas que se genera es apto para el proceso de pasteurizado", detalló el co-fundador.

Mientras se evalúa la alternativa, los expertos ya detectaron una solución complementaria: el biol que también se genera en este proceso puede ser usado para las plantaciones de manzana como fertilizante orgánico, un subproducto que para el INTA es incluso más valioso que el gas. "Esperamos con ansiedad los resultados de esta prueba piloto que van a estar en julio", anticipó el emprendedor. Si funciona, aplicarán a un crédito para instalar una planta de biogás en un nuevo predio de mayores dimensiones, en la ciudad de Villa Regina. De 260 metros cúbicos, el biodigestor permitirá procesar todo el efluente sólido y líquido.

Artículo Anterior

PAE lleva adelante un plan integral de acompañamiento para las Pymes

Artículo Posterior

"El desafío es cómo salvar vidas y también cómo ganarse la vida"

Total
0
Share