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25-10-2017
Internacional

El riesgo financiero del cambio climático, una asignatura pendiente

El riesgo financiero del cambio climático, una asignatura pendiente

En su último estudio, KPMG evalúa las tendencias en la práctica del reporting. Entender a la problemática ambiental como clave para los negocios se ubica entre los pendientes a nivel mundial: solo 28% reconoce al cambio climático como factor de riesgo en sus informes. 

En los últimos años la problemática ambiental ocupa las agendas de todos los actores, incluidos los empresariales. Pero, ¿qué tan integrada es esta preocupación? ¿Cómo la ven en relación al negocio? ¿Y cómo la vuelcan en sus reportes? El reciente informe de KPMG, "The road ahead - The KPMG Survey of Corporate Responsibility Reporting 2017, intenta dilucidar esto.

"El cambio climático está introduciendo un mayor riesgo e incertidumbre al sistema financiero, tanto por los daños físicos que provoca a los activos, infraestructura y cadenas de suministro de las compañías y como catalizador de transformaciones de mercado que amenazan a convertir algunos modelos de negocio en obsoletos y crear oportunidades para otros. Como resultado, inversores y bancos centrales están presionando por una mayor divulgación", reflexionó Wim Bartels, Miembro del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD) del Financial Stability Board y Socio de Reporting Corporativo de KPMG en los Países Bajos.

En su décima edición, la institución relevó reportes de responsabilidad corporativa y sustentabilidad de 4.900 empresas en 49 países, convirtiéndose en su investigación más extensiva a la fecha. El documento puso el foco en cuatro tendencias emergentes en la práctica del reporting: divulgación sobre riesgos financieros relacionados al clima, sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sobre Derechos Humanos y sobre metas de reducción de carbono.

El boom americano, de la mano latina

En cuanto a la práctica de divulgación, América creció en seis puntos los últimos dos años: el 83% de las empresas emite informes de RSE (88% de América del Norte y 81% de América Latina). Así, destronó a la región de Asia Pacífico (78%) como región líder a nivel mundial. Tercera quedó Europa con un 77% y más rezagado Medio Oriente y África con un 52%.

El crecimiento principalmente vino gracias a México donde las tasas informes de RSE saltaron de 58% en 2015 a 90% en 2017. Este salto de 32 puntos colocó al país como el de aumento más significativo en todo el globo, seguido por Nueva Zelanda (+17%) y Taiwan (+11%).

"Es alentador que tantas empresas grandes en México estén adoptando la sustentabilidad como una estrategia de negocios a largo plazo. Sin embargo, el verdadero desafío yace en convencer a las PYMES mexicanas -el 99% de todas las compañías en el país- que la sostenibilidad es un deber para la generación de ganancias a largo plazo y la gestión de riesgos", aventuró Jesús González, Socio de Servicios de Sustentabilidad de KPMG en México.

Esto se complementó con el crecimiento de cinco puntos en Colombia y Estados Unidos y por las ya altas tasas de Brasil. Un plus: el reporting integrado despegó en la nación brasilera (+16%), al igual que en la mexicana (+16%); una tendencia que también se vio en otros países como Japón (+21%) y España (+9%). 

Para hacerlo, la organización comparó el accionar de dos muestras: el N100 y el G250. El primero incluye el universo total estudiado: las top 100 empresas de cada uno de los 49 países seleccionados. El segundo grupo está compuesto por las 250 mayores empresas del mundo en base a sus ganancias según el ranking Fortune 500 del 2016.

Falta de visión
A diferencia de la extendida práctica sobre derechos humanos o la creciente tendencia de incluir a los ODS en la cuenta, el apartado ambiental quedó atrás: la mayoría de las empresas no reconoce al cambio climático como un riesgo financiero en sus informes anuales. En números, significa que el 72% de las N100 lo excluye, al igual que el 52% de las del G250.

"La divulgación de riesgos relacionados al clima es muy distinta a la de informar sobre emisiones de carbono o impactos ambientales. Se trata de girar el telescopio, entendiendo el impacto de un clima cambiante en la compañía y hacer preguntas de búsqueda: ¿Tiene que mover sus operaciones la empresa? ¿Su cadena de suministro es vulnerable a eventos climáticos? ¿Será capaz de asegurarse a futuro? ¿Debería cambiar su modelo de negocios por completo?", precisó Bartels.

"La divulgación de riesgos relacionados al clima se trata de girar el telescopio, entendiendo el impacto de un clima cambiante en la compañía", anunció Bartels.

De la minoría que lo hace, una proporción relativamente alta de tanto las N100 (63%) como las G250 (76%) proveen algún tipo de descripción narrativa sobre los impactos potenciales. Sin embargo, son muy pocas las que intentan cuantificarlo en términos financieros (2% tanto del N100 como del G250) o modelar el valor de negocio en juego valiéndose de análisis de escenario u otras metodologías (2% del N 100 y 3% del G250).

¿A qué se debe el auge en la zona latinoamericana?

El estudio devela toda una serie de factores detrás del aumento en la cantidad de reportes latinos, empezando por la riqueza natural de la zona. La región es rica en recursos naturales y las empresas necesitan una licencia social para operar si quieren poder acceder a estos recursos.

"Muchas de esas empresas construyen infraestructura como hospitales y escuelas para mejorar sus relaciones con las comunidades locales y a cambio, esto ha llevado a una cultura de reporting de RSE a medida que las compañías buscan demostrar sus contribuciones a la sociedad", ilustró Ricardo Zibas, Director de Servicios de Sustentabilidad de KPMG en Brasil.

A esta cuestión interna, se le suma una externa: las corporaciones se enfrentan a grandes barreras de comercio no tarifarias en sus exportaciones como aquellas que exigen gobiernos extranjeros y consumidores sobre certificaciones ambientales, de derechos humanos y, cada vez más, de trato justo. "Los informes ayudan a superar esas barreras", puntualizó Zibas.

El propio accionar también cuenta y a veces los malos ejemplos ayudan a apuntalar el camino: la cantidad de reportes aumentó a medida que las empresas intentan retener o volver a ganar la confianza pública tras las ola de reconocidos escándalos como el colapso de la represa Samarco en 2015, el peor desastre ambiental de la historia brasileña.

"Estas tendencias se combinan con nuevos desarrollos en regulación gubernamental, requisitos de las Bolsas de comercio y presión de los grupos de interés de llevar altos niveles de reporting. Para alcanzar niveles incluso más altos a través de la región en los próximos años, se necesitará una mayor y correcta regulación por parte de los gobiernos o la industria. Dadas las tendencias recientes, espero que esto suceda", señaló el directivo. 

Desde KPMG, remarcan que las estadísticas respaldan la necesidad de iniciativas como la task force TCFD. El grupo de trabajo creado en el 2015 por el Financial Stability Board reúne empresas que preparan datos financieros y a los usuarios de esa información (inversores, prestamistas y aseguradoras) para recomendar a las empresas cómo debería dar a conocer sus riesgos financieros en relación al cambio climático.

"Para aquellas empresas que recién empiezan el proceso de informar sobre riesgos financieros relacionados al clima, o que todavía no han comenzado, un acercamiento cualitativo es una buena base y los lineamientos del TCFD son de ayuda", alentó Bartels.

En este sentido, las compañías deberían reunir sus principales stakeholders para que vean los potenciales riesgos y oportunidades presentados por el cambio climático y después elaborar análisis cualitativos de escenarios.

"Por ejemplo, si sos una cervecera, ¿qué pasaría si te quedaras sin agua en locaciones de producción clave o si los costos del agua suben dramáticamente? Si sos una petrolera, ¿todavía vas a tener un mercado para tus productos en diez o veinte años? Después de eso, las empresas pueden empezar a construir modelos sofisticados que proyecten adecuadamente la gama completa de riesgos y oportunidades asociados con cambio climático, eventualmente integrando estos modelos en sus tomas de decisiones y adaptando la estrategia de negocios acorde a ellos", ilustró el directivo de TCFD.

"Las empresas pueden empezar a construir modelos sofisticados que proyecten adecuadamente la gama completa de riesgos y oportunidades asociados con cambio climático, eventualmente integrando estos modelos en sus tomas de decisiones y adaptando la estrategia de negocios acorde a ellos", aconsejó Bartels.

Un examen más de cerca
Corriéndose de la media, existen cinco países donde la mayoría de sus Top 100 reconocen al cambio climático como riesgo financiero en sus informes financieros: Taiwan (88 empresas), Francia (76), Sudáfrica (61), Estados Unidos (53) y Canadá (52).

¿Qué pasa con los ODS?

Resuenan con fuerza en el mundo corporativo a menos de dos años de su lanzamiento. Muchos ya vinculan sus actividades de RSE a los ODS: el 43% de G250 y 39% de N100 y desde KPMG proyectan que cada vez más lo hagan en los próximos dos a tres años.

En relación al G250, razonablemente se espera que lideren el camino. Pero desde KPMG detectaron diferencias significativas de acuerdo a dónde están basadas. Por ejemplo, las multinacionales francesas lo hacen en un 90%, mientras que en Alemana y Reino Unido baja un poco aunque los porcentajes siguen siendo altos, con 61% y 60%, respectivamente. Ya debajo de la mitad se colocan Estados Unidos (49%) y Japón (48%).

En lo referente a los perfiles sectoriales, las industrias también mostraron números de lo más diversos. De las incluidas el G100, aunque ninguna se acerca a la mitad, Forestación y Papel es la que recoge la mayor cantidad de empresas comprometidas en esta práctica (44%). A ella le siguen Químicos (43%) y Minería (40%). En el otro extremo se ubican últimos Retail (23%), Transporte y esparcimiento (20%) y Salud (14%).

Pensar en la totalidad

El camino a la hora de vincular las metas de carbono al objetivo climático global también está por la mitad. Por un lado, resulta alentador que el 67% del G250 divulgue sus metas para reducir las emisiones. Sin embargo, la mayoría no relaciona sus propios objetivos a los que están estableciendo los gobiernos nacionales, las autoridades nacionales o la ONU, como el Pacto Climático.

Las posiciones cambian un poco a la hora de posar la lupa sobre los rubros del G250. Salud continúa última (25%) y le sigue inmediatamente Servicios financieros (36% frente a 24% en el G100 que lo colocaban como el quinto peor). Retail en cambio pasa al primer lugar con un 67%, seguido de tres sectores que superan la mitad: Gas y petróleo (65% frente al 39% del G100 que lo ubicaba cuarto en el Top 5), Servicios (54% contra el 38% del G100 que lo hacía compartir el quinto puesto con Automotriz) y Automotriz (53%).

Y es que el liderazgo también se vuelve crítico a la hora de explicar diferencias y similitudes. "Este cambio en el abordaje del reporting también requerirá de un cambio de roles y responsabilidades. Tracionalmente, ha sido la función de los equipos de responsabilidad corporativa o sustentabilidad pensar sobre cambio climático, pero ahora la responsabilidad tiene que sentarse con ejecutivo que mejor entiende de los riesgos y oportunidades financieras de una empresa: el CFO", disparó Bartels.

"Este cambio en el abordaje del reporting también requerirá de un cambio de roles y responsabilidades", adelantó Bartels.

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